En los últimos años, el Ramadán ha sido especialmente difícil para muchas familias en Pakistán. El país ha sufrido diversas catástrofes climáticas que han afectado a millones de personas.
Inundaciones, sequías y terremotos han dejado a numerosas familias luchando por salir adelante en condiciones muy precarias.
La provincia de Khyber Pakhtunkhwa es una de las más vulnerables a los efectos del cambio climático. En el verano de 2025, varios días de intensas lluvias monzónicas provocaron inundaciones repentinas que causaron la muerte de más de 1.000 personas y obligaron a miles de familias a abandonar sus hogares, destruyendo sus medios de vida.
Shameem conoce muy bien esta realidad.
«Trabajo como empleada del hogar para mantener a mi familia y asegurarme de que tengamos comida. Sin embargo, el salario es muy bajo y apenas nos permite cubrir necesidades básicas como la alimentación, la vivienda o la educación de mis hijos», explica esta madre de tres niños.
«Me cuesta pagar las cuotas escolares, los uniformes y el material. Cubrir incluso las necesidades más básicas supone una lucha constante.»
Sacar adelante a su familia no es fácil. En muchas ocasiones, Shameem renuncia a comer para que sus hijos puedan hacerlo. Durante el Ramadán, una época especialmente importante para ellos, esta situación se vuelve aún más complicada.
«El Ramadán es un momento muy especial para mi familia. Es un mes de reflexión y crecimiento espiritual, pero también trae consigo muchos desafíos. Con los pocos recursos que tenemos, resulta muy difícil preparar suficiente comida para el suhoor y el iftar.»