jueves, 25 diciembre 2025

Los 14 años de crisis en Siria han dejado un legado de destrucción, hambre, desplazamiento y trauma para millones de personas. Al menos el 60 % de la población siria tiene dificultades para conseguir alimentos suficientes, millones carecen de acceso adecuado a agua potable y saneamiento seguro, un gran número de personas vive en tiendas de campaña y el sistema sanitario ha quedado devastado.

Para muchas familias, el invierno es una perspectiva aterradora. Las personas desplazadas se enfrentan a vientos helados, lluvias intensas e incluso nevadas, lo que agrava problemas de salud no tratados y aumenta la vulnerabilidad de una población que sigue expuesta a la inestabilidad y la violencia.

Umm Yazan es madre de siete hijos, todos menores de 13 años. Su marido sufre dolores articulares y trabaja de forma intermitente en el sector de la piedra. La familia se ve obligada a fiar en comercios locales para poder alimentar a sus hijos. Viven en un refugio improvisado en el campamento Al-Amal, en Maaret Misrin, provincia de Idlib. Con la llegada del invierno, las dificultades de la familia se multiplican.

«El invierno hace que nuestra vida en el campamento sea aún más dura. El frío nos impide dormir por la noche y el agua que se filtra en la tienda nos obliga a vivir en condiciones inhumanas», explica Umm Yazan.

«El invierno no es solo una estación fría para nosotros; es un periodo que intensifica las dificultades de la vida diaria y pone a prueba nuestra paciencia y fortaleza».

La rutina diaria de la familia está completamente marcada por las condiciones meteorológicas. No tienen calefacción y la comida es escasa.

«Nuestro día comienza intentando reparar los daños causados por la lluvia, como secar la ropa de cama y limpiar la tienda. Paso la mayor parte del tiempo buscando la manera de conseguir comida para los niños y, en ocasiones, intento encontrar algún trabajo sencillo, pero las oportunidades son muy escasas», añade.

Durante los meses de invierno, el riesgo de enfermedad aumenta, y Umm Yazan lucha por proteger a sus hijos del frío y de las enfermedades que se propagan fácilmente en los campamentos.

«Los meses de invierno representan un sufrimiento y un miedo constantes por la salud de nuestros hijos… Tengo dos hijas que no han podido llevar zapatos durante dos meses debido a las duras circunstancias».

Las experiencias de Umm Yazan son compartidas por millones de mujeres sirias. Tras años de crisis, muchas se han convertido en el principal sustento y cuidadoras de sus familias. El Programa de Invierno de Islamic Relief da prioridad a los hogares encabezados por mujeres, así como a personas mayores, personas con discapacidad y niños huérfanos o abandonados. El invierno pasado, proporcionamos materiales de calefacción, mantas y ropa de abrigo a casi 13.000 personas en Siria.

«Aunque esta ayuda nos proporcionó un alivio temporal, no cubre todas nuestras necesidades, especialmente en lo que respecta a la calefacción y la alimentación. Aun así, ha sido una contribución valiosa que nos ha ayudado a sobrellevar las duras condiciones del invierno y ha aportado algo de consuelo a nuestra familia en este momento tan difícil», afirma Umm Yazan.

El pueblo sirio sigue enfrentándose a una situación desesperada ante la perspectiva de otro invierno viviendo en tiendas improvisadas, a merced de las inclemencias del tiempo y luchando cada día para alimentar a sus familias.

Ayúdanos a llevar calor y a salvar vidas en Siria y más allá este invierno. Dona ahora a nuestra Campaña de Invierno.

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