Ibrahim, de 56 años, es tanto padre de cuatro hijos como líder de su comunidad. Recibe una pequeña asignación por su rol y trabaja en la agricultura cuando encuentra trabajo disponible. «A veces recibo un pequeño salario o parte de la cosecha como pago», comenta.
Antes de que equiparan el pozo comunitario, la escasez de agua suponía una pesada carga más. «Teníamos que caminar largas distancias y a veces esperar horas solo para llenar unas cuantas vasijas», recuerda Ibrahim.
La escasez de alimentos también ha sido un desafío constante. «Cuando no hay comida, reducimos las comidas. A veces los niños solo comen una vez al día. Es muy duro como padre ver eso».
Para Ibrahim y su familia, el Ramadán es un mes de espiritualidad y unión, pero también es una época en la que la presión para proveer suficiente comida aumenta. «Puede ser muy difícil cuando no puedes permitirte los alimentos más básicos», explica.
Cada mañana, Ibrahim se ocupa de las necesidades de la comunidad y ofrece su ayuda donde más se necesita. En Ramadán, la convivencia entre vecinos se intensifica y, en muchas ocasiones, comparten juntos el momento de romper el ayuno. «La distribución de alimentos nos trajo alivio y nos unió más como comunidad», afirma
Las comidas en su hogar son sencillas: pan, lentejas, té, a veces arroz y, en raras ocasiones, dátiles o un poco de sopa. La carne es un lujo que rara vez disfrutan.
A través del Programa de Asistencia Alimentaria para Ramadán de Islamic Relief, la familia de Ibrahim recibió un paquete de alimentos con productos esenciales como harina, aceite, dátiles y arroz. «Esta será la primera vez que no nos preocuparemos por cómo preparar el iftar», compartió su esposa.
La distribución no sólo apoyó a familias individuales, sino que también fortaleció a toda la comunidad. «La gente se sintió vista y apoyada. Los paquetes de alimentos marcaron una gran diferencia, especialmente para las familias numerosas y las personas mayores», afirma Ibrahim.
Ibrahim recuerda con gratitud los proyectos anteriores de Islamic Relief, que ya habían dejado huella en su familia y en la comunidad. como la rehabilitación del pozo. «Ese pozo nos salvó la vida. Seguimos usándolo a diario. Y ahora nos han apoyado de nuevo durante el Ramadán», afirma.
Para Ibrahim, la combinación de la ayuda alimentaria de Ramadán y el compromiso con los proyectos comunitarios a largo plazo simboliza más que la cobertura de necesidades básicas: restaura la dignidad, fortalece la unidad y ofrece esperanza para el futuro.