El hambre es más que simplemente una sensación de vacío. Significa que tu cuerpo está siendo privado de los alimentos y nutrientes necesarios para poder mantenerse. Para los afortunados, el hambre es solo una incomodidad temporal. Para millones de personas puede ser una condición que les acompañe de por vida e incluso acabe con ella.
Tanto la hambruna como la inseguridad alimentaria son causas del hambre. La inseguridad alimentaria describe una situación en la que las personas no tienen acceso a alimentos seguros y nutritivos. Esto a menudo se debe a los efectos del clima, la pobreza o la crisis humanitaria, como en lugares como Gaza y Sudán en la actualidad.
La hambruna es el nivel más grave y potencialmente mortal de inseguridad alimentaria. Según la Clasificación Integrada de Fases de la Seguridad Alimentaria (CIF), una situación de hambruna se declara oficialmente cuando: al menos el 20% de los hogares se enfrentan a una carencia extrema de alimentos, el 30% de los niños sufren desnutrición aguda y más de 2 personas de cada 10.000 muere al día.
La desnutrición se produce cuando el cuerpo no obtiene los nutrientes necesarios para funcionar correctamente.
Millones de personas en situaciones de crisis en todo el mundo sufren de desnutrición aguda; una afección potencialmente mortal causada por una falta repentina, grave y a corto plazo de alimentos. La desnutrición lleva a una rápida pérdida de peso (emaciación) o edema nutricional (hinchazón, particularmente de los pies, las piernas y las manos).
La forma más crítica de desnutrición es la inanición: la carencia absoluta de nutrientes que provoca un fallo orgánico acelerado y, potencialmente mortal.
El hambre puede tener efectos físicos y mentales graves, como la fatiga, la inmunodeficiencia y el deterioro cognitivo.
Tras pocos días sin alimento, el cuerpo comienza a descomponer el tejido muscular y las proteínas para satisfacer las demandas de glucosa del cerebro. Esto deriva en un estado de debilidad y disminución de la densidad ósea.
La desnutrición debilita el sistema inmunológico, lo que hace que el cuerpo sea muy vulnerable a las enfermedades e infecciones transmitidas por el agua, como el cólera y el sarampión, que son causas frecuentes de muerte durante una crisis de hambre. Si la afección persiste, el cuerpo descompone sus propios órganos para obtener energía, lo que desemboca en el fallo multiorgánico y finalmente el paro cardíaco.
La inseguridad alimentaria es una causa de angustia y estrés psicológico. Se ha demostrado la correlación entre la privación de alimentos y el trastorno de ansiedad y estrés postraumático, incluso después de que una familia supere la inseguridad alimentaria.
Los niños son mucho más vulnerables a los efectos del hambre que los adultos, debido a que sus cuerpos aún no se han desarrollado completamente. Sus sistemas inmunitarios, aún en desarrollo, son más propensos a padecer enfermedades. Una de las razones por las que la hambruna es tan mortal no es solo por el hambre, sino también por la vulnerabilidad que provoca a las enfermedades.
Los primeros 1000 días de vida de un niño son los más críticos para el desarrollo físico y cognitivo. Un niño que sufre periodos prolongados de hambre, corre el riesgo de padecer un retraso permanente en su crecimiento (deterioro del crecimiento) y emaciación (peso peligrosamente bajo), así como deterioro cognitivo y fallo multiorgánico. Este niño se verá afectado por las consecuencias del hambre hasta la edad adulta, corriendo un mayor riesgo ante enfermedades crónicas como la diabetes.
A nivel mundial, las mujeres sufren más por el hambre, lo que representa alrededor del 60% de las personas que se enfrentan a periodos prolongados de hambre. Esta brecha nace de una desigualdad de género que se agrava en contextos de crisis
Más mujeres tienden a vivir en una situación de pobreza extrema, ganan menos que los hombres y tienen un limitado control sobre los recursos. A menudo, en muchas culturas, las normas sociales dictan que las mujeres y niñas deben comer después de los hombres y niños, lo que las deja con porciones de comida insignificantes.
La escasez de alimentos fuerza a las mujeres a sobrevivir en circunstancias con las que no pueden lidiar. Desesperadas, toman medidas que las ponen en peligro y aumentanda los casos de violencia de género, sexo transaccional y matrimonio precoz/forzado, una decisión que las familias toman en su lucha por sobrevivir.
El hambre es una factor clave para la migración forzada. A menudo las familias son desplazadas juntas, pero en numerosas ocasiones los padres y los hijos mayores deben abandonar sus hogares en busca de trabajo más allá de la frontera o en la ciudad. Muchas mujeres se quedan atrás en el peligro donde deben hacer de protectoras para sus hijos y ocuparse de la casa, enfrentándose solas a inmensos desafíos.
El hambre representa una emergencia global a gran escala que continúa agravándose. Según la Organización Mundial de la Salud, se estima que 673 millones de personas sufren en situaciones de inseguridad alimentaria en 2024
Los objetivos de «Hambre Cero», establecidos por el Objetivo de Desarrollo Sostenible 2 para 2030, serán inalcanzables si las circunstancias actuales prevalecen. Las proyecciones indican que al ritmo actual, necesitaríamos hasta 2137 para erradicar el hambre en cierta medida en el mundo.
Familias por todo el mundo experimentan hambre. Los países más desarrollados están siendo testigo del fuerte aumento en el número de personas que acceden a los bancos de alimentos. El IPC ha declarado hambrunas en numerosos territorios.
La pandemia de Covid-19, las interrupciones en el suministro de alimentos mundial (consecuencia de la guerra en Ucrania) y el aumento en los costes de vida han disparado la inseguridad alimentaria.
La situación en África es crítica. Según la OMS, más del 20% de la población (307 millones de personas), en 2024 se enfrentan a una situación de inseguridad alimentaria.
Sudán y Gaza están experimentando las crisis más graves, con condiciones de hambruna confirmadas o inminentes. Yemen, la República Democrática del Congo, Haití y partes de Asia también sufren una grave inseguridad alimentaria.
Pese al alto al fuego del 10 de octubre de 2025, Gaza se enfrenta a una severa crisis humanitaria. La situación en Gaza es crítica. La mayoría de la población se encuentra en una situación de inseguridad alimentaria grave.
Aproximadamente 1,6 millones de personas, el 77% de la población, se enfrenta a la fase 3 de la escala de inseguridad alimentaria del CIF: crisis.
Otras más de 571.000 personas se enfrentan a la fase 4 de inseguridad alimentaria; emergencia, y aproximadamente 1.900 se encuentran en la fase 5: catástrofe.
Sudán está experimentando la mayor crisis alimentaria del mundo. El hambre continúa extendiéndose desde febrero de 2026. Aproximadamente la mitad de la población, más de 21 millones de personas, se enfrenta a una inseguridad alimentaria aguda.
Las regiones de El Fasher (Darfur del Norte) y Kadugli (Kordofán del Sur) se han visto afectadas por el hambre desde finales de 2025. El 5 de febrero de 2026, la ONU advirtió de las extremas condiciones en Um Baru y Kernoi (Darfur del Norte) donde se han alcanzado niveles extremos de hambre y desnutrición aguda.
En Um Baru, el 53% de los niños menores de 5 años sufren desnutrición aguda, casi el doble del umbral de hambruna.
Según la ONU, al menos otras 20 áreas en zonas de Gran Darfur y el Gran Kordofán corren un riesgo inmediato de verse afectadas por condiciones de hambruna en mayo de 2026.
Desde Islamic Relief estamos proporcionando alimentos a las personas más necesitadas. La iniciativa de Islamic Relief cuenta con un abanico de programas, enfocados en proporcionar ayuda de emergencia en zonas afectadas por la crisis como Gaza y Sudán. La iniciativa incluye programas para los períodos del Ramadan y Qurbani, que decenas de países de todo el mundo celebran cada año, y programas de largo plazo centrados en extinguir el hambre de raíz.
En colaboración con el Programa Mundial de Alimentos (PMA), Islamic Relief ha preparado y distribuido más de 75 millones de comidas calientes en Gaza desde octubre de 2023. Además estamos proporcionando packs de alimentos ricos en verdura y alimentos deshidratados a las familias. Además, en situaciones de emergencia, ofrecemos los medios económicos para que las familias puedan comprar lo que más necesite cuando esté disponible en los mercados locales, apoyando así a la economía local.
En Sudán, apoyamos a las Takaayas, cocinas comunitarias operadas por voluntarios, que a menudo son la única fuente de alimentos en áreas sitiadas por la guerra como Darfur y Jartum. A pesar de las grandes dificultades, hemos proporcionado a más de 1,5 millones de personas en Sudán con paquetes de alimentos y apoyo nutricional para niños desnutridos.
Dona hoy mismo a nuestros llamamientos de emergencia para Sudán y Palestina para alimentar a quienes sufren de hambre. Tu generosidad marca la diferencia entre la vida y la muerte en manos del hambre.