jueves, 5 febrero 2026

En un campamento de personas desplazadas en Irak, muchas familias luchan a diario para cubrir sus necesidades más básicas. La escasez de oportunidades laborales, el aumento de los precios de los alimentos y el acceso deficiente al agua potable dificultan enormemente la vida.

Para las familias con niños, la presión para proporcionar alimentos, atención médica y seguridad es constante, especialmente durante el mes de Ramadán.

La lucha diaria de un padre

Padre de niños pequeños, trabaja como zapatero dentro del campamento, reparando zapatos para ganar un pequeño ingreso. «No es mucho, pero hago todo lo posible para alimentar a mi familia», explica. Algunos días, el dinero que gana le llega para tan sólo un palto de comida básica. Otros, ni para eso.

Vivir en el campamento conlleva muchas dificultades. El agua potable no siempre es fácil de conseguir, lo que afecta la salud de la familia. Cuando alguien enferma, comprar medicamentos o ir al médico se vuelve casi imposible. «Hay días en que tenemos que pasar hambre», dice. «Es una lucha diaria, pero no me rindo por mis hijos».

Hambre, Preocupación y Dignidad

La escasez de alimentos afecta profundamente a la familia. Cuando no hay suficiente para comer, los niños se acuestan con hambre. «Como padre, eso me rompe el corazón», dice. El hambre debilita y cansa a los niños, y genera estrés y tristeza en el hogar.

Para sobrellevar la situación, él y su esposa a menudo se saltan comidas para que sus hijos puedan comer. «Incluso cosas sencillas como el pan o el arroz se convierten en una lucha», comparte. «No se trata solo de hambre, sino de dignidad, preocupación y de sobrevivir día a día».

Ramadán: Fe en medio de las dificultades

A pesar de las dificultades, Ramadán sigue siendo un tiempo profundamente espiritual y significativo para la familia. «Ramadán nos da paciencia, esperanza y paz», dice. La familia se despierta antes del Fajr para comer juntos el suhur y rezar. Después, el padre va a trabajar al campamento, continuando con su labor a pesar del agotamiento del ayuno.

Por la noche, preparan un iftar sencillo, generalmente con dátiles, agua y cualquier alimento disponible. Tras romper el ayuno, rezan juntos y, cuando es posible, asisten a las oraciones del Tarawih. «Aunque la vida es dura, Ramadán nos acerca a Allah y a los demás», explica.

Ayunar sin suficiente comida es difícil, especialmente para los niños. «Por eso el apoyo durante Ramadán es tan importante», añade.

Un paquete de alimentos que cambió el Ramadán

Durante el Ramadán, Islamic Relief proporcionó a la familia un paquete de alimentos con arroz, lentejas, dátiles y aceite de cocina. «Fue una gran bendición», dice. El paquete de alimentos permitió que la familia pudiera romper el ayuno con dignidad y tener suficiente para el suhur.

«Sin él, el Ramadán habría sido mucho más difícil», explica. «El apoyo redujo nuestro estrés y nos ayudó a concentrarnos en la oración en lugar de preocuparnos por la comida». Saber que sus hijos tendrían una comida completa trajo consuelo y alivio a toda la familia.

Fortaleciendo la Comunidad

La distribución de alimentos no solo ayudó a familias individuales, sino que fortaleció a todo el campamento. «Cuando llegan los paquetes de alimentos, la gente se siente recordada y apoyada», afirma. Las familias se reúnen, comparten lo que tienen y sienten un sentimiento de unidad y cariño durante el mes sagrado.

Para este padre y muchos otros, la ayuda alimentaria de Ramadán hace posible disfrutar del mes sagrado. Restaura la dignidad, alivia las dificultades y brinda esperanza, recordando a las familias que, incluso en las circunstancias más difíciles, no se les olvida.

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