Por Iftikhar Ahmed Shaheen, director ejecutivo (CEO) de Islamic Relief Worldwide
Mientras millones de musulmanes de todo el mundo celebran el Eid al Adha, merece la pena reflexionar sobre el verdadero significado del sacrificio.
Esta semana, millones de personas peregrinarán a La Meca para realizar el Hajj, mientras que muchos otros conmemorarán esta festividad mediante el Qurbani/Udhiya, el sacrificio de una cabra, oveja, vaca o camello en recuerdo de la disposición del profeta Ibrahim (Abraham) a sacrificar a su hijo Ismail por obediencia a Dios. Posteriormente, la carne se distribuye entre las personas más vulnerables y necesitadas.
Se trata de uno de los mayores actos anuales de redistribución solidaria del mundo, que permite alimentar a millones de familias que, de otro modo, pasarían hambre. Solo el año pasado, Islamic Relief distribuyó las donaciones de Qurbani de sus colaboradores a 3,2 millones de personas en 29 países. Para muchas de ellas, será la única carne que consumirán durante el mes y una fuente esencial de proteínas para prevenir la desnutrición.
Además de su impacto humanitario, el Qurbani/Udhiya genera miles de millones de dólares en el comercio ganadero, sosteniendo toda una cadena de valor que beneficia a pequeños agricultores, ganaderos, comerciantes y transportistas. En muchas de las regiones más pobres del mundo, donde el ganado representa uno de los pocos activos productivos disponibles, esta práctica impulsa la economía local y aumenta los ingresos de las familias.
Por ello, el Qurbani/Udhiya no es únicamente un acto individual de caridad. Es un poderoso mecanismo descentralizado de redistribución de la riqueza en un mundo donde existe suficiente alimento para todos, pero donde cientos de millones de personas siguen padeciendo hambre.
En Islamic Relief trabajamos para que cada sacrificio tenga el mayor impacto posible. Un ejemplo es nuestro programa Qurbani/Udhiya Plus, una iniciativa que transforma un gesto puntual en una oportunidad para fortalecer la seguridad alimentaria y los medios de vida a largo plazo, integrando la ganadería, la agricultura y el acceso a la financiación.
En zonas rurales de Malí, este modelo está mejorando la inclusión social y el empoderamiento económico de las mujeres mediante sistemas de financiación comunitaria, formación en agricultura sostenible, producción de fertilizantes orgánicos, creación de huertos comunitarios y un mayor acceso al ganado.
Los resultados ya son visibles. Los ingresos medios mensuales de las familias participantes se han más que duplicado y también ha aumentado significativamente el número de niños que pueden acceder a una alimentación adecuada.
Estas contribuciones son hoy más importantes que nunca. Tras años de avances, el hambre mundial ha vuelto a duplicarse durante la última década. Muchos gobiernos están reduciendo drásticamente los fondos destinados a ayuda humanitaria y cooperación al desarrollo, con recortes de hasta un 45 % a nivel mundial, dejando a millones de personas sin la asistencia que necesitan. Actualmente, alrededor de 673 millones de personas, el 8 % de la población mundial, no tienen suficiente comida y padecen hambre de forma habitual.
La crisis en Oriente Medio está agravando aún más esta situación mucho más allá de la propia región. Oriente Medio ocupa una posición estratégica en los sistemas mundiales de energía, alimentos y fertilizantes. Entre el 20 % y el 30 % del petróleo mundial, así como el 20 % del gas natural licuado, transitan por el Estrecho de Ormuz. Las interrupciones en estas rutas comerciales ya están provocando un aumento del precio del combustible, del transporte y de la producción, encareciendo los alimentos hasta hacerlos inaccesibles para millones de personas.
Esta incertidumbre ha convertido las distribuciones de Qurbani/Udhiya de este año en unas de las más difíciles y costosas de la historia reciente. En Sudán, la inflación ha elevado el coste de cada distribución de 5 a 8 dólares en apenas unos meses. En Etiopía, los equipos de Islamic Relief informan de que numerosos centros de salud se han quedado sin medicamentos esenciales debido a los retrasos en el suministro. En Somalia, el precio del combustible se ha más que triplicado, dificultando y encareciendo la entrega de ayuda humanitaria. En Líbano, las organizaciones humanitarias también afrontan la escasez de combustible y la inflación mientras atienden a las familias desplazadas por los continuos ataques.
Celebro que continúen los esfuerzos diplomáticos para resolver la crisis en Oriente Medio, pero es imprescindible intensificarlos con urgencia para garantizar que los suministros esenciales vuelvan a llegar sin obstáculos.
En un contexto de creciente fragilidad global, el Qurbani/Udhiya adquiere una relevancia aún mayor, al igual que otras tradiciones de solidaridad inspiradas por la fe, como el diezmo en el cristianismo, el dāna en el budismo o prácticas similares presentes en el judaísmo, el hinduismo y el sijismo. Mientras muchos gobiernos centran su atención en sus propios intereses, las comunidades religiosas continúan siendo una de las fuentes de solidaridad y financiación humanitaria más constantes y significativas del mundo.
Hoy, el sistema humanitario internacional atraviesa una presión sin precedentes. Estas tradiciones de generosidad pueden desempeñar un papel decisivo para sostener y reforzar la respuesta mundial frente al hambre.
Las organizaciones basadas en la fe ya han demostrado su capacidad de actuación, eficiencia y cercanía con las comunidades. Sin embargo, existe una oportunidad para coordinar mejor estas iniciativas con el sistema humanitario internacional, fortalecer las alianzas y convertir los compromisos políticos en respuestas reales sobre el terreno.
El Qurbani/Udhiya no es solo una tradición religiosa: es una herramienta práctica, escalable y eficaz para combatir el hambre, fortalecer las economías locales y devolver la dignidad a las comunidades que viven en situación de crisis.