Nosaiba es madre de tres hijos y vive junto a su marido y sus niños en un campamento para personas desplazadas en la localidad de Al Galabat Al Arabiya, en el estado de Al Gedaref, al este de Sudán.
Como más de 12 millones de personas en el país, tuvo que huir de su hogar en Jartum cuando estalló el conflicto en abril de 2023. Primero encontró refugio en una escuela y, posteriormente, llegó al campamento donde reside actualmente.
«Desde que llegamos aquí, la primera organización con la que tuvimos contacto fue Islamic Relief», recuerda.
«Nos proporcionaron alimentos y artículos básicos para las mujeres. Han venido a ayudarnos en más de una ocasión.»
Gracias a esa ayuda, la familia dispone de productos de primera necesidad, alimentos, artículos de higiene y acceso al agua. «Alhamdulillah», dice con gratitud.
Sin embargo, para Nosaiba las necesidades de las mujeres van mucho más allá de cubrir lo básico.
El campamento está masificado. No hay escuelas, solo un pequeño programa educativo impartido por una organización local que enseña lectura, escritura y operaciones matemáticas básicas.
No hay electricidad, televisión ni oportunidades para las mujeres de desarrollar nuevas habilidades.
En un entorno donde muchas mujeres permanecen cerca de sus refugios por motivos de seguridad, los días transcurren sin apenas actividades ni espacios para reunirse.
«Necesitamos un centro para el desarrollo y el empoderamiento de las mujeres. Un lugar donde podamos reunirnos, compartir ideas y apoyarnos unas a otras. Al fin y al cabo, somos nosotras quienes estamos criando a las próximas generaciones.»
Para Nosaiba no se trata solo de disponer de un edificio.
Habla de un lugar donde las mujeres puedan aprender, conocer sus derechos, apoyarse mutuamente y recuperar parte de la vida que la guerra les arrebató.
«Cuando una madre tiene educación y conocimientos, puede criar mejor a sus hijos. Conoce sus derechos y también sus responsabilidades. Puede salir adelante y formar generaciones capaces de construir su propio futuro.»
En el campamento viven 305 familias, pero solo existen 11 instalaciones sanitarias. Los baños se llenan rápidamente y no siempre se vacían con la frecuencia necesaria. Durante la noche, muchas mujeres sienten miedo al tener que caminar solas hasta ellos entre la maleza y la oscuridad.
Otro de los grandes problemas es la atención sanitaria.
Actualmente existe una clínica móvil, pero su funcionamiento es temporal. Cuando deje de prestar servicio, el centro de salud más cercano volverá a estar a varios kilómetros de distancia, un trayecto inasumible para familias que carecen de ingresos.
«Si aparece una enfermedad en el campamento, las consecuencias pueden ser muy graves. Necesitamos una clínica permanente.»
Nosaiba también reclama apoyo psicológico tanto para las mujeres como para los niños y niñas que han crecido conociendo únicamente el desplazamiento y la guerra.
Cuando le preguntan cuál es su mayor deseo, responde sin dudarlo. Quiere que la guerra termine. Quiere volver a casa.
«No hay mayor seguridad que estar en tu hogar, junto a tu familia.»
Mientras ese momento llega, pide algo mucho más inmediato: que las personas desplazadas puedan vivir con dignidad.
«Deseo que las personas que vivimos en este campamento tengamos mejores servicios. Todas hemos llegado aquí huyendo de la guerra y nuestro estado emocional necesita atención.»
No pide lujos. Pide una clínica permanente. Baños seguros y limpios. Un espacio donde las mujeres puedan aprender y apoyarse mutuamente.
Y una educación de calidad para sus hijos mientras esperan el día en que puedan volver a casa.
Porque, como recuerda Nosaiba, no son privilegios: son derechos.
Islamic Relief trabaja en Sudán desde hace más de 40 años.
Desde el inicio del actual conflicto, la organización ha prestado ayuda humanitaria a más de 1,2 millones de personas, distribuyendo alimentos, agua potable, ayuda económica, kits de higiene y artículos de primera necesidad.
En campamentos como el de Nosaiba, Islamic Relief fue una de las primeras organizaciones en llegar y continúa ofreciendo apoyo a las familias desplazadas.
Sin embargo, las necesidades siguen siendo enormes. Más de 30 millones de personas necesitan asistencia humanitaria en Sudán, mientras que las mujeres y las niñas afrontan riesgos cada vez mayores y la financiación internacional continúa siendo insuficiente.
En este Día Internacional de la Mujer, puedes apoyar a mujeres como Nosaiba y a millones de familias desplazadas en Sudán.
Colabora con el Fondo de Emergencia para Sudán de Islamic Relief y ayúdanos a seguir proporcionando alimentos, agua, atención sanitaria y esperanza a quienes más lo necesitan.