martes, 21 abril 2026

Sana Basim, directora de Programas de Islamic Relief Líbano, recuerda el “Miércoles Negro”, el día de bombardeos más mortal de los últimos años en el país.

Líbano guarda en su memoria muchas fechas marcadas por la pérdida, el dolor y la supervivencia. Pero el 8 de abril permanecerá como una de las heridas más profundas, una fecha marcada por la violencia extrema, la injusticia y un sufrimiento que no debe olvidarse. A pesar del alto el fuego de 2024, las violaciones continuaron. Los ataques en el sur de Líbano siguieron produciéndose de forma constante hasta convertirse en una realidad normalizada.

Después llegó la escalada tras la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, provocando desplazamientos masivos en todo el país. Cerca del 20% de la población de Líbano se vio obligada a abandonar sus hogares.

Una vez más, la población civil fue quien pagó el precio más alto. Islamic Relief Líbano ha estado en primera línea de respuesta, trabajando para apoyar a las comunidades afectadas por el conflicto. En los días posteriores a esta jornada devastadora, hablé con varias personas desplazadas. Lo que más me impactó no fueron sus palabras, sino su silencio.

No sabían qué decir. Pero había un miedo que no necesitaba ser expresado: estaba escrito en sus rostros.

¿Nos convertiremos en otra Gaza? ¿Permitirá el mundo que nos ocurra lo mismo que al pueblo palestino en Gaza?

Su silencio era ensordecedor. También lo eran las preguntas que se reflejaban en sus ojos. Como trabajadora humanitaria, como alguien que habla de principios humanitarios, derecho internacional humanitario y justicia, me quedé sin palabras.

En momentos así, estos conceptos parecían vacíos. Para muchas personas en Líbano, se habían convertido en palabras escritas sobre papel, sin significado, valor ni protección real.

Un día que comenzó como cualquier otro

El 8 de abril comenzó como otro día más de crisis. Mi equipo estaba distribuyendo agua en uno de los refugios de Beirut, mientras yo preparaba informes sobre la situación y planes de respuesta de emergencia.

Desde el inicio de la guerra, Islamic Relief Líbano ha trabajado mediante un modelo híbrido: algunos empleados fuera de Beirut trabajaban de forma remota o acudían cuando era necesario, mientras que el equipo basado en Beirut continuaba asistiendo a la oficina. Aquel miércoles parecía igual que cualquier otro.

Hasta que escuché un fuerte ruido. Al principio pensé que eran aviones israelíes rompiendo la barrera del sonido, algo que ocurre con frecuencia y que genera terror entre la población. Pero después llegó otra explosión. Y otra.

Nos reunimos en una sala desde donde podíamos ver una espesa columna de humo gris elevándose hacia el cielo. El miedo se apoderó de todos. Los teléfonos comenzaron a sonar sin parar con llamadas, mensajes y alertas. La sorpresa, el temor y la incredulidad llenaron la oficina.

El equipo de Recursos Humanos activó inmediatamente un control para confirmar que todo el personal estaba a salvo. El responsable de seguridad contactó rápidamente con el equipo de distribución. Uno de los ataques aéreos cayó a solo 3 kilómetros de las operaciones de distribución de Islamic Relief, pero todo el personal permaneció a salvo.

El equipo informó de una situación caótica en el refugio:

  • Niños llorando y gritando.
  • Personas aterrorizadas.
  • Humo llenando el aire.
  • Un fuerte olor a explosivos.
  • Miedo en cada rincón.

Poco después, nuestros teléfonos comenzaron a llenarse de vídeos. Parecían escenas de una película, pero era la realidad. Bombas cayendo por todas partes. Personas corriendo y llorando. Sirenas de ambulancias atravesando las calles. Conductores abandonando sus coches en mitad de la carretera para escapar. En cuestión de minutos, Beirut, una ciudad conocida por su vida, movimiento y resistencia, se transformó en una escena de horror.

Más tarde, los medios informaron de que se habían producido más de 100 ataques aéreos en solo 10 minutos, sin aviso previo. Fueron alcanzados edificios residenciales y comerciales. Muchas personas desaparecieron. Se registraron más de 300 víctimas, con cientos de heridos. Aquella hora lo cambió todo. Y para muchas personas, sobrevivir se convirtió en un acto de resistencia.

Una paz frágil y temporal

Anoche se anunció un alto el fuego de 10 días. Es una noticia positiva, pero en Líbano ha sido recibida con cautela. El acuerdo solo se aplica a la zona del país situada al norte del río Litani y, lo que resulta más preocupante, únicamente contempla los ataques aéreos y no la ofensiva terrestre israelí.

Muchas personas siguen temiendo que los combates vuelvan a comenzar después de esta pausa de 10 días, si es que llega a mantenerse. Islamic Relief espera que el alto el fuego se respete y pide a los gobiernos internacionales con capacidad de influencia y a todas las partes implicadas que trabajen para garantizar su cumplimiento.

Islamic Relief continúa apoyando a las comunidades vulnerables de Líbano durante esta crisis.

Ayúdanos a continuar este trabajo vital de emergencia. Dona hoy a nuestro llamamiento de emergencia para Líbano.

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