Sana Basim, directora de Programas de Islamic Relief Líbano, recuerda el “Miércoles Negro”, el día de bombardeos más mortal de los últimos años en el país.
Líbano guarda en su memoria muchas fechas marcadas por la pérdida, el dolor y la supervivencia. Pero el 8 de abril permanecerá como una de las heridas más profundas, una fecha marcada por la violencia extrema, la injusticia y un sufrimiento que no debe olvidarse. A pesar del alto el fuego de 2024, las violaciones continuaron. Los ataques en el sur de Líbano siguieron produciéndose de forma constante hasta convertirse en una realidad normalizada.
Después llegó la escalada tras la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, provocando desplazamientos masivos en todo el país. Cerca del 20% de la población de Líbano se vio obligada a abandonar sus hogares.
Una vez más, la población civil fue quien pagó el precio más alto. Islamic Relief Líbano ha estado en primera línea de respuesta, trabajando para apoyar a las comunidades afectadas por el conflicto. En los días posteriores a esta jornada devastadora, hablé con varias personas desplazadas. Lo que más me impactó no fueron sus palabras, sino su silencio.
No sabían qué decir. Pero había un miedo que no necesitaba ser expresado: estaba escrito en sus rostros.
¿Nos convertiremos en otra Gaza? ¿Permitirá el mundo que nos ocurra lo mismo que al pueblo palestino en Gaza?
Su silencio era ensordecedor. También lo eran las preguntas que se reflejaban en sus ojos. Como trabajadora humanitaria, como alguien que habla de principios humanitarios, derecho internacional humanitario y justicia, me quedé sin palabras.
En momentos así, estos conceptos parecían vacíos. Para muchas personas en Líbano, se habían convertido en palabras escritas sobre papel, sin significado, valor ni protección real.