15 de abril de 2026: Se cumplen tres años desde el inicio del conflicto en Sudán, una guerra que ha devastado a la población sudanesa, separado familias, destruido medios de vida y debilitado las estructuras del país.
Las mujeres y las niñas están sufriendo especialmente las consecuencias de esta crisis, enfrentándose a un aumento de la violencia y a un acceso muy limitado a protección y servicios esenciales.
ACT Alliance, Caritas Internationalis e Islamic Relief Worldwide, como organizaciones basadas en la fe que trabajan en Sudán, hacen un llamamiento a adoptar compromisos concretos y responsables durante la Conferencia de Berlín y más allá, para defender los derechos humanos y proteger a la población civil y a quienes están en primera línea de respuesta humanitaria.
Las comunidades sudanesas lideran la respuesta humanitaria
Los actores locales de Sudán, incluyendo mujeres, jóvenes y grupos de ayuda comunitaria, se encuentran en primera línea de la respuesta ante la crisis. A pesar de las enormes dificultades, las comunidades continúan demostrando una gran capacidad de resistencia gracias a sus redes de solidaridad.
Entre estos actores, las organizaciones basadas en la fe desempeñan un papel fundamental por su presencia cercana y su confianza dentro de comunidades vulnerables y zonas de difícil acceso.
Estas organizaciones proporcionan:
- Alimentos.
- Atención sanitaria.
- Nutrición.
- Agua, saneamiento e higiene (WASH).
- Apoyo para medios de vida.
- Atención espiritual.
- Apoyo psicosocial para recuperar la dignidad y la autonomía.
Los recortes de financiación ponen en riesgo la ayuda local
Cada vez más gobiernos reconocen la importancia de los equipos locales que responden a la crisis en Sudán. Sin embargo, la financiación sigue sin llegar a muchos de estos actores, incluidos grupos comunitarios y organizaciones religiosas locales que trabajan directamente con las personas afectadas.
Los recortes de ayuda internacional, la disminución de fondos enviados por la diáspora sudanesa y el colapso del sistema bancario han reducido gravemente su capacidad para proporcionar incluso servicios básicos.
Un líder religioso en Sudán explica:
«Muchos líderes religiosos tuvieron que huir de Sudán por la inseguridad y los ataques, pero algunos nos quedamos para que las comunidades no pierdan su apoyo y la fuerza que necesitan para seguir adelante.»
Es urgente proteger a los líderes musulmanes y cristianos que permanecen en Sudán, así como a los trabajadores locales que afrontan ataques y desplazamientos.
Fortalecer la sociedad civil sudanesa y los grupos de ayuda comunitaria es esencial no solo para responder a las necesidades inmediatas, sino también para construir una recuperación sostenible liderada por las propias comunidades.
La violencia sigue agravando la crisis humanitaria
El conflicto continúa extendiéndose con un aumento del uso de ataques con drones, afectando gravemente la seguridad y la capacidad de respuesta de todos los actores humanitarios. Centros sanitarios y educativos han sido atacados, mientras los equipos de protección informan de mayores dificultades para acceder a los campamentos de personas desplazadas debido al deterioro de la seguridad.
Además, la destrucción y saqueo de almacenes humanitarios, convoyes y oficinas ha provocado enormes pérdidas de alimentos y suministros esenciales. El hambre se está utilizando como arma de guerra en el conflicto.
Actualmente, al menos 6,7 millones de personas enfrentan niveles catastróficos de inseguridad alimentaria.
La inseguridad generalizada, incluida la violencia sexual extrema, ha hecho que conseguir alimentos, agua y servicios básicos sea cada vez más peligroso, especialmente para mujeres y niñas. Incluso en zonas donde los combates han disminuido, como Jartum, la destrucción de los sistemas de protección y la pérdida de medios de vida sostenibles siguen exponiendo a las comunidades a graves riesgos y sufrimiento prolongado.
Además, los recortes drásticos de financiación están reduciendo los programas destinados a apoyar los medios de vida y la generación de ingresos para mujeres y familias vulnerables.
Un llamamiento urgente por la paz en Sudán
Las organizaciones firmantes reclaman un alto el fuego inmediato y una solución pacífica al conflicto. No existe una solución militar para esta guerra ni para el sufrimiento de la población sudanesa. Ante las conversaciones internacionales de alto nivel en Berlín, lanzan tres mensajes clave:
1. Poner a los civiles en el centro de la paz y la justicia
Los procesos de paz deben estar liderados por civiles, con una participación significativa de mujeres y jóvenes, y con la implicación de líderes religiosos de confianza.
Las organizaciones piden acabar con la exclusión y garantizar la plena participación de las mujeres en:
- Iniciativas de alto el fuego.
- Mediaciones humanitarias.
- Diálogos políticos.
- Todos los ámbitos de la vida pública.
2. Aumentar el apoyo financiero a los equipos locales
Los donantes deben mantener tanto la financiación humanitaria como la destinada al desarrollo. Es necesario reconocer las aspiraciones de las comunidades sudanesas para:
- Recuperar sus medios de vida.
- Reducir la dependencia de la ayuda alimentaria.
- Avanzar hacia la recuperación y la construcción de la paz.
En un contexto de reducción global de la ayuda internacional, Sudán no debe quedar sin recursos para la recuperación temprana y la resiliencia a largo plazo.
3. Garantizar protección y acceso humanitario seguro
Las organizaciones apoyan el llamamiento de las ONG internacionales que trabajan en Sudán para lograr una diplomacia internacional unida que ponga fin a los ataques contra:
- Civiles.
- Infraestructuras civiles.
- Campos de desplazados.
- Instalaciones médicas.
- Lugares de culto.
- Personal humanitario.
También reclaman un acceso humanitario rápido, seguro, sin obstáculos y sostenido para que la ayuda llegue a quienes más la necesitan. Esto debe incluir mecanismos reforzados de protección frente a la violencia sexual, con apoyo a iniciativas comunitarias de prevención, protección, atención espiritual y apoyo psicológico.
Sudán necesita paz, protección y solidaridad internacional para que millones de personas puedan reconstruir sus vidas con dignidad.