Un año después del anuncio del alto el fuego, dos trabajadores humanitarios de Islamic Relief en Gaza hablan sobre los desafíos que siguen afrontando las comunidades y los trabajadores humanitarios, así como sobre el miedo que marca el día a día mientras continúan los ataques israelíes.
Layla*: La situación actual aquí en Gaza, con los bombardeos y ataques aéreos que siguen produciéndose, no puede llamarse un alto el fuego. En realidad, no hay ningún alto el fuego. Atacan los campamentos de desplazados y las zonas más pobladas, por lo que sigue habiendo mucho miedo.
No podemos decir que estemos 100 % a salvo. No podemos salir a la calle en coche ni a pie. Tenemos miedo incluso de salir de nuestras casas y del ruido de los drones sobre nuestras cabezas. Ni siquiera nuestros propios hogares son seguros. Es difícil vivir pensando que podrías ser tú la próxima persona afectada. Estas son las dificultades a las que nos enfrentamos: el desplazamiento, el miedo. Las muertes no cesan y no podemos vivir nuestras vidas con normalidad.
Sameer*: Cuando escuchamos la noticia del alto el fuego, sentimos cierto alivio porque seguíamos vivos después de todo lo que había ocurrido durante los dos años anteriores. Pero después vimos que, por parte de Israel, no era realmente un alto el fuego.
Hace apenas unos días hubo un ataque cerca de aquí. Fue en una zona de tiendas abarrotada, donde había mujeres y niños.
La mayoría de las personas viven en tiendas abarrotadas y edificios dañados. No sé si lo visteis en las noticias, pero hace unas semanas un edificio dañado se derrumbó sobre los niños y las familias que dormían y se refugiaban en su interior.
Debido a los ataques, no hay ningún edificio que sea realmente seguro para vivir. La mayoría de nosotros vivimos en tiendas y existe un enorme problema con el agua potable, por ejemplo. Ahora es casi imposible encontrar una fuente de agua potable en condiciones, o incluso una fuente de electricidad.
Cuando salgo a caminar con mis hijos, cada vez que un coche se acerca a nuestro lado, tengo miedo de que vaya a producirse un ataque. Incluso cuando estamos en casa, sentimos miedo en cada momento. Incluso salir para ir a trabajar… es difícil explicar esa sensación, porque se ha convertido en algo que está en nuestra mente, en nuestras vidas, en cada movimiento que hacemos.
Layla: Tengo miedo de perder a uno de mis compañeros, de perder la vida o de perder a mi familia. Pero esta es la situación aquí.
Se dice que algunos productos están entrando en Gaza, pero ni de lejos están entrando en cantidades suficientes. Quizá en las redes sociales veáis que hay restaurantes, cafeterías y demás. La gente quiere vivir, quiere recuperarse, pero incluso cuando intentamos hacerlo, siempre pienso que habrá algo que nos decepcionará, algo que interrumpirá cualquier avance que consigamos.
Desde que entró en vigor el alto el fuego, seguimos escuchando bombardeos y la población palestina ha sido expulsada de casi el 70 % de la Franja, lo que significa que vivimos en una zona extremadamente masificada. Poco más del 30 % de la Franja para más de dos millones de personas. Es… no sé.
Así que aquí la sensación sigue siendo la misma que antes del alto el fuego. No podemos vivir en solo el 30 % de la Franja, esperando simplemente a que sigan avanzando y ocupen otras partes de Gaza. Un alto el fuego en el que estamos confinados en el 30 % de la Franja, seguimos siendo atacados y se nos sigue negando la ayuda, en realidad no es un alto el fuego. Simplemente están fingiendo que mantienen unos estándares humanitarios mínimos.
La gente aquí sigue pasando hambre y sigue sin tener suministros médicos. Hay escasez de medicamentos para la diabetes y las personas con enfermedades crónicas no pueden encontrar sus tratamientos. Las restricciones son muy duras y difíciles de afrontar, y seguimos adaptándonos a la situación. Esperamos que, insha’Allah, algo mejore.
Sameer: Hasta este momento, sigue siendo muy difícil para las organizaciones hacer llegar ayuda a Gaza. Solo se permite la entrada de determinados productos comerciales, mientras que muchos artículos esenciales siguen bloqueados y los precios son muy elevados e inasequibles para la mayoría de las personas. Hay pocos puestos de trabajo y una grave escasez de efectivo en toda Gaza.
Nos estamos adaptando proporcionando vales de alimentos, que permiten a las personas elegir lo que necesitan en los comercios locales. Esto da a las familias más capacidad de elección y dignidad, al mismo tiempo que apoya a los negocios locales.
Hemos proporcionado vales de alimentos a muchas personas, especialmente a personas con discapacidad en Gaza que han sido olvidadas. Créeme, han sido olvidadas.
Ahora apoyamos a más de 25.000 niños y niñas huérfanos y a las personas que los cuidan. La mayoría vive en tiendas en condiciones extremadamente difíciles, pero no siempre podemos visitarlos debido a la situación de seguridad. Cada vez que nos desplazamos, tenemos que comprobar si existen órdenes de evacuación en nuestra zona o si se están produciendo bombardeos o ataques con drones.
Layla: Quizá después de tres años, Gaza esté siendo olvidada. Ya no vemos la movilización que antes veíamos en las redes sociales y en las noticias. Hay tantas cosas ocurriendo en el mundo que quizá Gaza esté quedando en el olvido, aunque las dificultades y la escasez sigan siendo enormes. Quizá la atención haya disminuido debido al alto el fuego parcial. Tal vez aparezca un titular en las noticias —una o dos personas muertas en un ataque aéreo— y eso sea todo. La gente pasa a la siguiente noticia. Quizá Gaza se perciba simplemente como la última gran tendencia…
Pero, aunque sea difícil desplazarnos o hacer llegar ayuda, como trabajadores humanitarios no podemos quedarnos de brazos cruzados viendo sufrir a la gente. Vemos su sufrimiento y sabemos que podemos ayudarles, así que asumimos el riesgo. ¡En Gaza, simplemente vivir ya es un gran riesgo! No podemos ver las dificultades a las que se enfrentan las personas y no hacer nada. No está en nuestra naturaleza ni en la de la población de Gaza.
Quizá nosotros estemos mejor que otras personas: quienes viven en tiendas o en las calles sin refugio. Nuestras casas están parcialmente dañadas, pero al menos seguimos teniendo un hogar. Aún tenemos algunas paredes y un techo bajo el que refugiarnos. No vivimos en la calle, ni en un campamento o una tienda, expuestos a los ratones y a otros animales. Así que salimos a hacer nuestro trabajo y rezamos para poder volver a casa sanos y salvos.
La labor humanitaria debe continuar. No podemos simplemente parar. Aunque nuestra intervención no pueda ayudar a los dos millones de personas que viven en Gaza, todavía podemos marcar una diferencia en la vida de algunas personas, y esa es la motivación de quienes trabajamos en el ámbito humanitario.
Esto es lo que nos mueve, lo que nos anima a seguir adelante, a soportar las dificultades a las que nos enfrentamos: el desgaste mental, el esfuerzo físico, el estrés, unas circunstancias agotadoras… y simplemente seguir adelante.
A pesar de las enormes dificultades, nuestro personal y nuestros socios en Gaza siguen trabajando para garantizar que vuestro apoyo llegue a las personas que más lo necesitan. Ayúdales a continuar con esta labor que salva vidas. Dona hoy a nuestro Llamamiento de Emergencia por Palestina.
*Nota editorial: Esta conversación se basa en una entrevista que ha sido editada para facilitar su comprensión y por motivos de brevedad. Los nombres de nuestros compañeros han sido modificados para proteger su seguridad.