El brote de ébola en el este de la República Democrática del Congo es ahora el que se está propagando con mayor rapidez del que se tiene registro, mientras el número de personas fallecidas aumenta cada día.
Trabajar con líderes religiosos locales es fundamental para hacer frente a la desinformación y la desconfianza que están alimentando la epidemia y evitar que siga propagándose, afirman varias organizaciones humanitarias de inspiración religiosa en un comunicado conjunto.
Desde que el 17 de mayo de 2026 se declaró una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional, los casos han aumentado hasta superar los 4.500 y más de 2.100 personas han perdido la vida. No son solo cifras: detrás de cada una hay una persona, un miembro de una comunidad, una esposa, un marido, una madre, un padre, un hijo, una hija, una hermana o un hermano. Sus vidas tenían un valor y una dignidad que, por desgracia, se han perdido a causa de una enfermedad que se puede prevenir.
Los líderes religiosos desempeñan un papel fundamental en la respuesta a las crisis de salud pública. Su posición de confianza dentro de las comunidades les permite combatir las ideas erróneas y la desinformación sobre la enfermedad que han provocado ataques contra ambulancias y equipos sanitarios, difundir mensajes de salud pública, hacer frente a la resistencia de las comunidades a las medidas de prevención y tratamiento y ayudar a conciliar las necesidades de salud pública con las creencias y tradiciones locales.
En el este de la República Democrática del Congo, algunas prácticas funerarias tradicionales como celebrar durante varios días grandes reuniones comunitarias y que los familiares laven el cuerpo de la persona fallecida han contribuido a la rápida propagación del brote. Los líderes religiosos están apoyando la adaptación de estas prácticas de forma cultural y religiosamente respetuosa, mediante entierros y ritos funerarios seguros y dignos.
En el este de la República Democrática del Congo, algunas prácticas funerarias tradicionales —como celebrar durante varios días grandes reuniones comunitarias y que los familiares laven el cuerpo de la persona fallecida— han contribuido a la rápida propagación del brote. Los líderes religiosos están apoyando la adaptación de estas prácticas de forma cultural y religiosamente respetuosa, mediante entierros y ritos funerarios seguros y dignos.
En las evaluaciones del brote de 2013-2016 en Sierra Leona, aprendimos que la participación de líderes religiosos ayudó a mejorar la aceptación de las medidas de protección comunitaria, incluidas las ambulancias y los equipos de entierro, y redujo las tensiones entre familiares y personal sanitario.
Hemos aplicado estas lecciones en la República Democrática del Congo, donde voluntarios de participación comunitaria trabajan con iglesias católicas y anglicanas y mezquitas para abordar los malentendidos relacionados con el ébola y reducir el estigma asociado a comunicar los síntomas, buscar tratamiento de forma temprana y facilitar entierros seguros y dignos.
Mientras las instituciones médicas y las organizaciones humanitarias trabajan a contrarreloj para construir, dotar de personal y equipar centros de tratamiento y aislamiento, las organizaciones religiosas están ampliando sus esfuerzos de participación comunitaria y prevención. Ya estamos respondiendo y queremos ampliar rápidamente nuestra intervención para salvar vidas, pero para ello necesitamos apoyo financiero.
Las autoridades sanitarias han señalado recientemente que esta epidemia está creciendo más rápido que el brote de África Occidental y que la respuesta está quedándose cada vez más atrás. Actualmente existe un déficit de financiación de 65,9 millones de dólares estadounidenses (57 %), lo que limita la capacidad de ampliar y mantener la respuesta. En esta situación, la rapidez es fundamental. Una inversión oportuna y continuada permitirá consolidar los avances logrados y evitar una mayor propagación.
Los recientes recortes de la ayuda internacional, unidos a un sistema sanitario frágil que ya se encuentra bajo una enorme presión debido al conflicto y los desplazamientos prolongados, han dejado al país menos preparado y con menor capacidad para responder con rapidez y a gran escala.
Más allá del brote de ébola, también queremos llamar la atención sobre los factores nacionales, regionales e internacionales que alimentan la violencia a la que se enfrentan cada día las comunidades de la República Democrática del Congo. Como líderes religiosos, pedimos al Gobierno y a los organismos internacionales que desarrollen, implementen y apoyen planes de consolidación de la paz y fortalecimiento de la resiliencia comunitaria que integren la recuperación del ébola en planes más amplios destinados a abordar los riesgos humanitarios, de gobernanza y de conflicto que se entrecruzan en estas zonas afectadas.
El padre Edouard Makimba, director de Caritas Congo, afirmó:
«Las incertidumbres y los retrasos en la financiación están complicando la respuesta en varios niveles. En un brote de ébola, una respuesta rápida es esencial. El rastreo de contactos, la vigilancia comunitaria, el transporte de muestras, la disponibilidad de equipos de protección individual y la formación del personal sanitario requieren recursos que puedan movilizarse rápidamente. En este momento, Caritas observa, sobre todo, una presión cada vez mayor sobre las instalaciones locales. Esta situación amenaza con debilitar la eficacia de la respuesta y complicar aún más los esfuerzos para proteger a las personas más vulnerables».
CAFOD, Christian Aid, Islamic Relief y Tearfund