Un mes después de las devastadoras inundaciones en Nepal, la crisis humanitaria sigue agravándose y muchas de las personas afectadas continúan necesitando ayuda urgente, según Islamic Relief.
Miles de personas siguen desplazadas de sus hogares y se enfrentan a una grave escasez de alimentos, a medida que se agotan las reservas de emergencia. Muchas de las comunidades afectadas podrían enfrentarse a una crisis alimentaria hasta bien entrado 2027, ya que han perdido sus medios de vida y sus tierras de cultivo han quedado destruidas.
Al menos 1.450 personas han fallecido, según las cifras confirmadas hasta el momento, mientras que más de 5.000 siguen desaparecidas y sin que se conozca su paradero.
Las inundaciones, que el 26 de agosto arrasaron rápidamente pueblos y aldeas, han dejado a más de 84.000 personas necesitadas de asistencia humanitaria y han causado daños por valor de unos 2.700 millones de dólares, según las evaluaciones del Gobierno de Nepal. Unas 7.000 viviendas y otros edificios quedaron completamente destruidos, dejando a 32.000 personas todavía desplazadas, muchas de ellas viviendo en refugios temporales.
Islamic Relief lanzó un llamamiento de emergencia inmediatamente después de las inundaciones y, hasta el momento, ha proporcionado refugio de emergencia y otra ayuda esencial a más de 8.000 personas, en estrecha colaboración con las autoridades nepalíes y organizaciones locales. Actualmente, está proporcionando alimentos y apoyo para refugios de emergencia a otras 1.000 familias.
Laxmi Raj Joshi, responsable de la respuesta de emergencia de Islamic Relief en Nepal, explica:
«El impacto humanitario de las inundaciones ha seguido agravándose durante el último mes. Comunidades enteras continúan desplazadas y han perdido sus hogares y sus fuentes de ingresos. En cuestión de segundos lo perdieron todo: su hogar, sus medios de vida, sus tierras y sus reservas de alimentos. Ahora se encuentran inmersas en una crisis económica cada vez más grave.»
«Nos preocupa que, durante las próximas semanas, la crisis alimentaria pueda alcanzar niveles alarmantes. Las reservas de alimentos de emergencia ya se han agotado y las personas no tienen dinero para comprar más. Sin ingresos ni un lugar seguro donde vivir, no saben adónde ir ni cómo salir adelante. Necesitan apoyo continuado para evitar que el hambre siga extendiéndose y para recuperar unas condiciones de vida seguras y digna.»
Las pérdidas se agravaron porque muchas personas no esperaban que las inundaciones alcanzaran una magnitud y una velocidad tan grandes y, cuando se dieron cuenta de la gravedad de la situación, ya era demasiado tarde para actuar.
Shyam Lal Shrestha, de 75 años, uno de los afectados, contó a Islamic Relief:
«Cuando recibí por primera vez el mensaje de que se acercaba una inundación, no me lo creí. Pero cuando vi el agua avanzar hacia nosotros, comprendí la gravedad de la situación. Inmediatamente corrí a soltar a mi búfalo para asegurarme de que pudiera escapar. Al mismo tiempo, ayudé a mi esposa a llegar a un lugar más alto y seguro. Tiene problemas en las rodillas y no podía correr tan rápido como yo, así que estaba muy preocupado por su seguridad. Todo ocurrió muy deprisa. Apenas tuvimos tiempo para pensar o recoger nuestras pertenencias. Nuestra prioridad era simplemente ponernos a salvo, nosotros y nuestros animales.»
«Por ahora, nos estamos quedando en casa de un vecino y recibimos alimentos en el centro de acogida. Pero no sé qué ocurrirá después. He pasado 75 años de mi vida aquí, en este pueblo. Aquí nací, aquí he vivido toda mi vida y aquí está todo lo que conozco. No puedo simplemente marcharme y empezar de nuevo en otro lugar. Hemos perdido nuestra sensación de seguridad, pero no tengo ningún otro sitio adonde ir. Solo espero que, de alguna manera, podamos reconstruir nuestras vidas aquí.»
Islamic Relief trabaja en Nepal desde 2015, cuando respondió al terremoto de Gorkha. El año pasado, la organización trabajó junto a organizaciones locales para apoyar a más de 113.000 personas en Nepal, mediante proyectos centrados en la educación, el acceso a agua segura y el apoyo a las comunidades para adaptarse al cambio climático y a la creciente frecuencia de los desastres.