Haleema trabaja en la unidad de nutrición del Hospital Infantil Hussein Mustafa en Gedaref desde 2013.
En los 3 años transcurridos desde que comenzó el conflicto en Sudán, ha visto cómo su sala se ha convertido en una primera línea de la crisis de hambre del país.
Haleema empieza cada mañana en el hospital de la misma manera: recorre las salas, revisa los expedientes, pesa a los niños y realiza sus rondas con los médicos. Para cuando termina la mañana, siempre hay nuevos pacientes esperando ser atendidos.
“En un solo día, actualmente ingresamos alrededor de 7, 8 o 10 casos”, dice. “Aproximadamente ese número, todos los días”.
Antes de la guerra, la sala ya estaba ocupada: la desnutrición en Sudán existía mucho antes de abril de 2023, y las familias en el estado de Gedaref llevan mucho tiempo enfrentándose a la inseguridad alimentaria. Sin embargo, el conflicto ha empeorado claramente la situación.
Las familias que llegan ahora son en su mayoría desplazadas, procedentes de la capital, Jartum, o de la ciudad central de Wad Madani, sin nada, y viven en campamentos y asentamientos donde el acceso a alimentos es incierto y el agua potable no está garantizada.
Desafíos diarios
Los síntomas de los niños que llegan al centro de estabilización del hospital son difíciles de describir sin recurrir a lenguaje clínico, y ese lenguaje ya de por sí resulta duro de asimilar.
Emaciación, edema (hinchazón causada por una grave deficiencia de proteínas), piel que se ampolla y se desprende, diarrea y vómitos persistentes a pesar del tratamiento.
“Los signos más comunes que vemos son la emaciación y la hinchazón”, explica Haleema. “A veces los niños también tienen diarrea y vómitos. Y muchas veces no se detienen. Los niños sufren mucho”.
La sala también trata a niños con kala-azar (leishmaniasis visceral), una enfermedad parasitaria grave endémica en Gedaref y que empeora significativamente con la desnutrición.
El tratamiento de la desnutrición aguda severa no puede acelerarse. El cuerpo de un niño que ha estado desnutrido durante mucho tiempo no puede absorber nutrientes en cantidades normales de forma segura. Si se avanza demasiado rápido, el organismo puede colapsar y empeorar la situación.
El primer alimento terapéutico, F-75, es una leche baja en proteínas, cuidadosamente diseñada para estabilizar al niño sin sobrecargar su organismo. Solo cuando el niño está estable se pasa a F-100 o RUTF, más ricos en proteínas y energía, destinados a la fase de recuperación. Todo el proceso se realiza por etapas y requiere supervisión constante.
“Administramos las fórmulas F-75 y F-100 cada 2 horas”, explica Haleema. “Algunos niños las reciben cada 3 o 4 horas. Se las damos en sus camas. Los niños también reciben sus medicamentos de la farmacia del hospital, de forma gratuita”.
Enseñar a las madres es parte del tratamiento
Una parte importante del trabajo de Haleema consiste en sentarse con las madres, explicar el tratamiento, mostrar cómo administrar correctamente el RUTF y enseñar principios de higiene y alimentación que beneficiarán al niño después del alta.
“Trabajamos en educación sanitaria para las madres”, dice Haleema. “Les mostramos cómo dar el RUTF según las necesidades del niño. Nos aseguramos de que lo entiendan”.
Este trabajo es fundamental para la recuperación del niño. Si un menor vuelve a un hogar donde escasean los alimentos y el agua potable, existe un alto riesgo de recaída. Por eso, el conocimiento que la madre adquiere durante la hospitalización es tan importante como el tratamiento en sí.
Escasez de medicamentos y control diario
La falta de medicamentos añade aún más dificultad a este delicado proceso.
Más del 80% de los hospitales en las zonas más afectadas de Sudán no funcionan plenamente. Los cortes de electricidad son habituales. Aunque el hospital de Haleema no está en una de esas zonas, enfrenta problemas similares.
“Trabajamos día y noche, sin dormir”, dice Haleema. “Y rezamos para que Dios nos dé la fuerza para seguir apoyando a nuestros pacientes”.
El pesaje diario es la forma más fiable de medir el progreso. A medida que el niño se estabiliza, la hinchazón disminuye, la piel se recupera y el peso aumenta. En ese momento, el equipo médico decide que el niño puede recibir el alta.
Pero el alta no significa el fin del tratamiento: continúa en casa, con raciones de RUTF, revisiones médicas y la posibilidad de regresar si hay recaídas.
“Afortunadamente, muchos de nuestros niños se recuperan”, afirma Haleema.
Lo que Haleema espera
Cuando se le pregunta qué desea, Haleema no habla de sí misma, sino de su sala.
“Espero que el departamento de nutrición siga bien abastecido”, dice. “Que no falten los medicamentos, los alimentos ni las bebidas. Que todas las necesidades básicas y el bienestar de los niños estén siempre cubiertos, porque dependemos mucho de ello”.
Islamic Relief trabaja en el Hospital Infantil Hussein Mustafa en Gedaref, proporcionando suministros alimentarios y apoyo nutricional a niños desnutridos y a sus madres como parte de su respuesta sanitaria de emergencia.
Los recursos de los que depende Haleema, leche terapéutica, RUTF y medicamentos gratuitos, dependen de que este apoyo continúe.
Cada día, niños como los pacientes de Haleema esperan ayuda. Con tu apoyo, Islamic Relief puede garantizar que reciban los alimentos terapéuticos, medicamentos y suministros necesarios para tener una oportunidad de recuperación.
Por favor, ayúdanos a seguir proporcionando esta ayuda vital. Dona hoy al llamamiento de emergencia para Sudán.