Los gobiernos internacionales en la Conferencia de Berlín deben aumentar el apoyo a los grupos de respuesta local, mientras tres años de guerra han creado la mayor crisis de hambre del mundo
El impacto de la guerra en Oriente Medio ha puesto en riesgo aún más cocinas que salvan vidas
14 de abril: Una nueva investigación de Islamic Relief revela que el 42% de las cocinas comunitarias en Sudán han cerrado en los últimos seis meses debido a la falta de apoyo internacional, lo que genera temores de que la hambruna se extienda a medida que la guerra entra en su cuarto año.
El estudio analizó 844 cocinas en seis estados de Sudán y encontró que 354 han cerrado por falta de financiación y suministros. Estas cocinas comunitarias, conocidas como takaaya, son el último salvavidas para millones de personas afectadas por la guerra, llegando a menudo a lugares donde la ayuda internacional no puede acceder.
Mientras los gobiernos internacionales se preparan para reunirse en la Conferencia de Berlín, con motivo del tercer aniversario de la guerra, Islamic Relief hace un llamamiento urgente para que aumenten el apoyo a los grupos locales de ayuda mutua, o muchas más cocinas se verán obligadas a cerrar. La conferencia también debe acordar intensificar la presión para un alto el fuego inmediato que proteja a los civiles de los crecientes ataques.
Los esfuerzos de los voluntarios sudaneses y los grupos de ayuda local han recibido reconocimiento y premios a nivel mundial, pero esto aún no se ha traducido en un apoyo tangible mayor. Esta investigación sigue a un informe de Islamic Relief de noviembre de 2025 que advertía que muchas cocinas estaban al borde del colapso.
El director ejecutivo de Islamic Relief Worldwide, Iftikhar Shaheen, afirma:
“La situación en Sudán es un fracaso moral colectivo de la comunidad internacional. Tres años de guerra han creado la mayor crisis de hambre del mundo, y estas cocinas gestionadas localmente han salvado innumerables vidas. Su cierre ahora es una sentencia de muerte para muchas familias vulnerables. Los voluntarios están haciendo todo lo posible por mantenerlas abiertas, pero necesitan más apoyo. Mientras los gobiernos se reúnen en Berlín, necesitamos un compromiso claro para aumentar la ayuda, apoyar a los actores locales y garantizar un alto el fuego inmediato.”
Los civiles sudaneses continúan siendo atacados, pasando hambre y siendo obligados a abandonar sus hogares. El aumento de ataques mortales con drones en los últimos meses ha causado la muerte de niños, personal sanitario y pacientes, mientras hospitales y escuelas han sido alcanzados. Más de 21 millones de personas en Sudán, el 45% de la población, sufren actualmente escasez de alimentos debido al desplazamiento masivo y a los ataques contra tierras agrícolas y rutas comerciales.
Los grupos locales de ayuda mutua reciben muy poca financiación internacional directa. La mayoría ha dependido del apoyo de la diáspora sudanesa y de donaciones comunitarias, pero a medida que la guerra continúa, estos fondos se están agotando. El conflicto también ha provocado una crisis económica en Sudán, y la inflación descontrolada ha duplicado el coste de preparar comidas.
En el último mes, la guerra en Oriente Medio ha interrumpido las rutas de suministro globales y ha ejercido una presión adicional sobre las cocinas comunitarias en Sudán, con escasez creciente de alimentos y un aumento del 187% en los costes del combustible en las últimas semanas.
La investigación de Islamic Relief muestra una situación desigual según las regiones. En Darfur del Norte, donde la hambruna se está extendiendo y evaluaciones recientes de la ONU indican que más de la mitad de los niños sufren desnutrición, el 57% de las cocinas encuestadas han cerrado. En Tawila, en Darfur del Norte, donde miles de familias han huido del asedio y las masacres en El Fasher, jóvenes voluntarios informan que deben cerrar sus cocinas con frecuencia entre periodos de donaciones.
En Puerto Sudán, seis de cada siete cocinas (86%) han cerrado. Sin embargo, en Kordofán del Norte, casi todas han logrado permanecer abiertas gracias a la redirección de fondos limitados para hacer frente al empeoramiento de la crisis de seguridad y hambre en la región.
Las cocinas que siguen abiertas están luchando por satisfacer la creciente demanda, ya que cada vez más personas buscan apoyo.
Alaa, voluntaria de una cocina comunitaria en Puerto Sudán, declaró a Islamic Relief:
“Tuvimos que suspender nuestras actividades cuando se acabó la financiación. Durante seis meses habíamos estado alimentando a hasta 4.000 personas cada día. Conocíamos a todos. Nos convertimos en una familia. Cuando tuvimos que cerrar, fue como abandonar a nuestra propia familia. Cada día hay caras nuevas y más niños. La responsabilidad crece cada día porque el número de personas aumenta, pero la financiación no.”
Ezaldeen, otro voluntario de una takaaya, afirmó:
“Antes teníamos variedad: lentejas, verduras, alubias… Ahora normalmente solo hay un tipo de comida. Estamos alimentando a la gente, pero no bien. Más de cinco personas en esta comunidad han muerto por enfermedades causadas directamente por el hambre y la desnutrición… cinco personas que podrían seguir vivas si la takaaya hubiera tenido más recursos.”
Un voluntario en Jartum añade:
“Hace seis meses, una plato de comida costaba unas 3.000 libras sudanesas (aprox. 4,30 €). Ahora cuesta unas 7.000 (aprox. 10,10 €)… más del doble. Cuando das de comer a cientos de personas cada día, esa diferencia es enorme.”
Los desafíos se agravan aún más por los recortes en la ayuda humanitaria internacional. El llamamiento de la ONU para Sudán en 2026 ha recibido solo el 16% de la financiación necesaria. El año pasado, el llamamiento recibió menos del 40%, una caída significativa respecto al 70% alcanzado en 2024.
Islamic Relief trabaja en Sudán desde 1984 y ha proporcionado ayuda a más de 2 millones de personas en todo el país desde el inicio de la guerra en abril de 2023, incluyendo alimentos, agua y atención sanitaria. Actualmente opera en 11 de los 18 estados del país.