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Quien educa a una mujer, educa a una nación

Cuando Uzra era analfabeta, no podía ayudar a sus hijos en sus estudios o leer instrucciones de medicamentos. Ahora, gracias al programa educativo para mujeres, puede leer y escribir y dirige una empresa que da trabajo a 48 mujeres. Su salario es esencial para ella y su familia, ya que su marido es discapacitado y no puede trabajar. Sin estas ayudas miles de mujeres nunca recibirían una oportunidad.

“Durante la guerra, las casas eran como cárceles para las mujeres. No podían salir, ni participar en nada, ni ayudar.”

Uzra Lali formaba parte del 88% de mujeres afganas que no saben ni leer ni escribir ni llegan a tener nunca acceso a una educación. El analfabetismo era un gran problema en la vida de Uzra: no podía ayudar a sus hijos con sus estudios, ni leer las instrucciones de los medicamentos. “En el hospital no podía leer en que sala estaba el oftalmólogo, el dentista, o el médico de familia.”

De la educación a los negocios

Uzra, de 32 años y madre de cinco hijos, asistió a nuestro curso de alfabetización de nueves meses en el 2011, donde aprendió a leer y escribir, así como también formación en salud y otras destrezas. “Ahora hay grandes cambios en mi vida: puedo ayudar a mis hijos con sus deberes y gestionar mi pequeño negocio.”
Uzra es un claro ejemplo del poder de la educación y el efecto dominó que crea el empoderar a una sola persona. Ella da trabajo a 48 mujeres de Bamiyán, que fabrican bolsas bordadas a mano, fundas de cojines, alfombras para la oración, ropa y juguetes de peluche. Estos productos se venden en el mercado local, lo que permite a casi 50 mujeres ganarse la vida dignamente y mantener a sus familias. Muchas de ellas están muy esperanzadas por el giro radical que han dado sus vidas y como la educación las ha cambiado, ahora pueden utilizar sus ganancias para enviar a sus niños a la escuela.

Para la familia de Uzra, estos ingresos son cruciales. Su marido Hamid fue brutalmente golpeado durante un año en una cárcel talibán y ahora sufre dolor crónico. Esta incapacidad no le permite hacer trabajos físicos, que son los mas comunes entre los hombres de su región. Ahora trabajan juntos en su negocio, mientras Uzra produce, Hamid vende los productos en el mercado local.

Miedos de futuro

Sin embargo, Uzra tiene miedo de que la retirada de las tropas en el 2014 traiga la guerra de nuevo, desterrando a las mujeres a las mismas dificultades en las que vivían antes. “Ahora las mujeres tienen la libertad de estudiar y aprender. Los talleres y la formación les permitirán trabajar en el futuro, estudiar y aportar un beneficio a la sociedad. Si la paz se establece, las generaciones futuras podrán estudiar y habrá una mejora social”.

Las dos hijas de Uzra han crecido y madurado mucho en los últimos años. Huma de 15 años, ha sido recientemente elegida la delegada del consejo de estudiantes de toda la provincia de Bamiyán, con dos asistentes a su cargo. Uzra es su modelo a seguir, y su inspiración para llegar a convertirse en médico: “Estoy orgullosa de los logros de mi madre. Ayuda a otros a ganarse la vida. Quiero trabajar para la gente igual que hace ella.”

A Mahnaz de nueve años le encanta que su madre pueda ayudarla con sus estudios ahora que sabe leer y escribir. Su asignatura preferida es el inglés, y sueña con convertirse un día en poeta. Como Uzra, tiene miedo de que los conflictos vuelvan, aunque no ha presenciado ninguno todavía. “Debería haber paz en el país” dice, “Tengo miedo de la guerra.”