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“Sueño con vivir en un lugar seguro lejos del bombardeo de aviones de combate. Les tengo mucho miedo. Me mayor quiero ser médico en un centro de fisioterapia para ayudar a los niños que fueron heridos en esta guerra”.

Sumaya,  6 años. Original de Raqqa. Actualmente reside en Darkush, norte de Syria.

La familia de Sumaya huyó de la ciudad de Raqqa cuando estalló la guerra. “No fue fácil”, dice su padre. “Vagamos de un lugar a otro en busca de la seguridad que hemos perdido por esta guerra. No sabíamos a dónde ir. Nos encaminamos hacia el norte junto a algunas familias desplazadas hasta que llegamos a uno de los campamentos en Tell Abiadh. No había electricidad ni agua, así que decidimos trasladarnos a otro lugar más adecuado”.
La familia partió de nuevo, llegando a un campamento en la frontera norte, cerca de Azaz. “Era verano y hacía mucho calor”, recuerda el padre de Sumaya. “No fue fácil, estábamos muy cansados. “Debido a la falta de oportunidades laborales y a la dificultad de conseguir alimentos, tuve que buscar de nuevo otro lugar para trasladarnos”.
Después de un largo e incierto viaje, la familia llegó al campamento Zinbq cerca de Drakush, al norte de Idlib. Sumaya nos cuenta: “Estaba jugando en el patio del campamento con mis amigos cuando, de repente, escuchamos el sonido de un avión sobrevolando el cielo. Nos escapamos rápidamente”. Momentos después, solo recuerda “sentir como que estaba volando en el cielo. No recuerdo nada después de eso, solo que desperté en un hospital cercano”.

 

 

Sumaya fue herida por un misil disparado desde el avión contra los niños del campamento y estuvo en cuidados intensivos durante varios meses. Se sometió a varias operaciones, durante las cuales los médicos retiraron los fragmentos de metal que penetraron su espalda. Sumaya ya no podía caminar, pero su padre empezó a llevarla a sesiones de fisioterapia.
“Sumaya fue remitida a nuestro centro de fisioterapia”, dice la doctora que supervisa su rehabilitación. “Ella rechazaba cualquier tipo de tratamiento, pero tras varias sesiones hubo signos de mejora, y comenzamos a sentir su deseo en querer tratarse y curarse”.
Finalmente, Sumaya pudo ponerse de pie y caminar unos pocos pasos. “Ahora puedo volver con mis amigos y jugar con ellos como antes”, dice Sumaya. “Sueño con vivir en un lugar seguro, lejos del bombardeo de aviones de combate. Les tengo mucho miedo. Espero crecer y convertirme en médico en uno de los centros de fisioterapia para ayudar a los niños que fueron heridos en esta guerra”.

 

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