Un año después del acuerdo de alto el fuego, las fuerzas israelíes han matado a más de 1.400 personas en Gaza, casi dos millones siguen necesitando refugio, ningún hospital funciona a pleno rendimiento y 1,4 millones de personas afrontan niveles de hambre propios de una situación de crisis.
GAZA, 9 de octubre de 2026. Un año después de alcanzarse el acuerdo de alto el fuego en Gaza, más de 100 organizaciones humanitarias, de derechos humanos y de la sociedad civil denuncian que el alto el fuego solo existe sobre el papel. Las fuerzas israelíes siguen matando e hiriendo a palestinos a diario, mientras las restricciones a la entrada de ayuda, equipos y materiales de reconstrucción impiden que las familias puedan recuperarse.
La muerte y las privaciones que sufre la población de Gaza no deben normalizarse bajo la apariencia de un acuerdo de alto el fuego, advierten hoy las organizaciones que trabajan en los territorios palestinos ocupados.
Mohsen Abu Ramadan, miembro de la junta directiva de la Red de ONG Palestinas, afirma:
«Las organizaciones palestinas están respondiendo a unas necesidades inmensas bajo la ocupación israelí, con oficinas destruidas, personal desplazado y presupuestos cada vez más reducidos. Las organizaciones locales y nacionales son las primeras en responder y seguirán siéndolo, pero necesitamos protección. Los gobiernos deben actuar para poner fin a los ataques de Israel y a las restricciones que obstaculizan nuestro trabajo, y los donantes deben proporcionar financiación directa y flexible para atender las necesidades.»
Durante el último año, los bombardeos, los disparos y las operaciones militares israelíes han causado la muerte de más de 1.400 palestinos, incluidos al menos 327 niños y niñas. Las familias y los equipos de rescate han recuperado cientos de cadáveres de entre los escombros, a menudo con sus propias manos, mientras las autoridades israelíes restringen la entrada de maquinaria necesaria para acceder a ellos. Muchos más cuerpos siguen sepultados y son inaccesibles.
El ejército israelí también ha desplazado la denominada «Línea Amarilla» hacia el interior de Gaza, más allá de la línea de retirada establecida en el acuerdo, confinando a la población palestina en una zona cada vez más reducida y hacinada.
Inger Ashing, directora ejecutiva de Save the Children, afirma:
«Un alto el fuego no tiene sentido si los niños siguen muriendo y las familias siguen sin poder reconstruir sus vidas. Desde que se anunció el alto el fuego, casi un niño ha muerto cada día. Las familias continúan atrapadas en un ciclo devastador de pérdidas y privaciones, sin posibilidad de recuperarse. Los gobiernos que respaldaron este acuerdo deben utilizar su influencia para detener las muertes y garantizar que los niños puedan acceder a alimentos, atención sanitaria, refugio y educación. Los niños y niñas de Gaza tienen derecho a vivir seguros y a tener un futuro. Los gobiernos tienen la capacidad de contribuir a garantizar ambas cosas y deben hacerlo.»
Imágenes satelitales recientes muestran la magnitud de la devastación causada por las fuerzas israelíes, con barrios reducidos a escombros, viviendas arrasadas y tierras agrícolas devastadas. Más del 80 % de las estructuras de Gaza han sufrido daños, y aproximadamente dos tercios han sido destruidas.
Con la llegada del invierno, cientos de miles de familias siguen viviendo en tiendas de campaña, refugios improvisados o viviendas dañadas y se enfrentan a un cuarto invierno expuestas al frío, el viento y las inundaciones. Casi uno de cada cuatro hogares de Gaza está encabezado actualmente por una mujer, y estas familias tienen muchas más probabilidades de vivir en alojamientos inseguros o inadecuados.
Para muchas personas, sencillamente no existe ningún lugar seguro al que ir. Las familias se refugian en edificios dañados por la guerra que corren el riesgo de derrumbarse. En septiembre, 21 personas, incluidos 12 niños y niñas, murieron al colapsar un edificio dañado en la ciudad de Gaza.
Jan Egeland, secretario general del Consejo Noruego para los Refugiados, afirma:
«Es absolutamente vergonzoso que, un año después de la firma del alto el fuego, tan poco haya mejorado para los palestinos en Gaza. Las familias siguen viéndose obligadas a tomar decisiones imposibles: refugiarse en edificios dañados y peligrosos o vivir en tiendas de campaña expuestas a temperaturas insoportables. Las restricciones israelíes siguen impidiendo la entrada de los equipos y materiales necesarios, los únicos que permitirían a las comunidades empezar a reconstruir sus vidas. Ante la llegada del invierno, todos los gobiernos deben adoptar medidas concretas para garantizar que la ayuda llegue en mayor cantidad y sin obstáculos, de forma que los palestinos puedan comenzar por fin la enorme tarea de recuperación y reconstrucción.»
Estas mismas restricciones están devastando los servicios esenciales. Ninguno de los 36 hospitales de Gaza funciona a pleno rendimiento, mientras que los medicamentos, los equipos médicos y el combustible siguen siendo extremadamente escasos. Los recién nacidos en incubadoras, los pacientes que necesitan oxígeno o cuidados intensivos, las personas mayores y las personas con discapacidad o lesiones que cambian sus vidas se enfrentan a riesgos graves, ya que el acceso a tratamientos especializados, rehabilitación y servicios de apoyo sigue estando muy limitado.
Más de 18.500 pacientes, incluidos al menos 4.000 niños y niñas, siguen necesitando ser evacuados por motivos médicos, y más de 1.000 han muerto mientras esperaban.
Mientras tanto, 1,4 millones de personas afrontan niveles de hambre propios de una situación de crisis o peores hasta finales de año. Al mismo tiempo, el agua no potable y los sistemas de saneamiento devastados siguen favoreciendo la propagación de enfermedades prevenibles.
Un año después, el patrón es inconfundible. Las familias siguen siendo asesinadas. Los niños continúan muriendo por enfermedades que podrían prevenirse. Gaza sigue plagada de municiones sin explotar. Las viviendas permanecen sepultadas bajo escombros que no pueden retirarse y la ayuda no llega a quienes la necesitan desesperadamente. Esto no es lo que debía garantizar un alto el fuego. Esta situación refleja las mismas condiciones que llevaron a la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU a concluir, en septiembre de 2025 y de nuevo en junio de 2026, que Israel ha cometido genocidio. La responsabilidad de la comunidad internacional no termina con un acuerdo que solo existe sobre el papel.
Agnes Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional, afirma:
«La rendición de cuentas no puede quedar sepultada bajo los escombros. La recuperación y el futuro de Gaza no pueden separarse de un marco basado en el derecho internacional, la justicia y los derechos de las víctimas. La persistente incapacidad para exigir responsabilidades a Israel y presionarlo para que cumpla las órdenes vinculantes de la Corte Internacional de Justicia sigue alimentando la comisión de crímenes atroces a gran escala contra la población palestina».