jueves, 8 octubre 2026

Un año después, los palestinos en Gaza siguen muriendo, sin acceso a la ayuda humanitaria y privados de un futuro.

  • Los ataques israelíes han causado la muerte o heridas a un palestino cada 90 minutos desde que se anunció el alto el fuego hace un año. De media, casi un niño muere cada día.
  • Los palestinos se han visto obligados a abandonar el 65 % de la Franja de Gaza, mientras las familias desplazadas viven hacinadas en condiciones extremas, con escasez de agua, atención sanitaria y alimentos nutritivos.
  • Las restricciones israelíes siguen bloqueando suministros esenciales para la ayuda humanitaria, incluidos materiales para refugios, combustible y material médico.

Un año después del anuncio de un alto el fuego, los palestinos en Gaza siguen muriendo, sin acceso a la ayuda humanitaria y expulsados de sus tierras, obligados a vivir en condiciones extremas, denuncia Islamic Relief. La comunidad internacional está incumpliendo su compromiso de proteger a la población civil palestina y garantizar un futuro a los niños, niñas y jóvenes de Gaza.

Durante el último año, los continuos ataques israelíes han causado la muerte de al menos 1.454 palestinos y han dejado más de 5.000 heridos, lo que equivale a una víctima cada 90 minutos, como mínimo. Al menos 320 de las personas asesinadas eran niños y niñas, lo que supone, de media, la muerte de casi un menor cada día durante el último año.

La población de Gaza sigue viviendo con miedo constante por su vida ante los continuos bombardeos y los ataques con drones.

Un trabajador humanitario de Islamic Relief en Gaza, cuyo nombre se mantiene en reserva por motivos de seguridad, afirma:

«En realidad, no hay ningún alto el fuego. Atacan los campamentos de desplazados y las zonas densamente pobladas, por lo que seguimos viviendo con mucho miedo. Nos da miedo incluso salir de casa y nos asusta el ruido de los drones que sobrevuelan nuestras cabezas. Ni siquiera nuestros hogares son seguros. Es difícil dejar de pensar que podrías ser el siguiente. Los asesinatos no cesan y no podemos llevar una vida normal.»

Desde el anuncio del alto el fuego, Israel ha ampliado y reforzado su control militar sobre la mayor parte de Gaza, utilizando la denominada «Línea Amarilla» para expulsar a los palestinos del 65 % del territorio. Casi toda la población de Gaza, formada por 2,1 millones de personas, se encuentra ahora hacinada en aproximadamente el 35 % del territorio. Las familias viven en asentamientos de desplazados peligrosamente saturados, infestados de roedores que muerden a los niños mientras duermen y contaminan los suministros de agua.

Muchas familias se preparan para pasar su tercer o cuarto invierno en tiendas de campaña deterioradas o edificios sin paredes que ofrecen poca o ninguna protección frente a la lluvia y las bajas temperaturas nocturnas.

Sin embargo, la ayuda humanitaria que entra en Gaza está muy lejos de ser suficiente para hacer frente a la crisis. Israel sigue bloqueando numerosos suministros esenciales, incluidos artículos básicos para refugios, materiales de reconstrucción y combustible necesario para mantener en funcionamiento los centros sanitarios y las operaciones humanitarias.

Alrededor del 82 % de las estructuras de Gaza han resultado dañadas o han sido destruidas, pero, un año después del anuncio del alto el fuego, la reconstrucción apenas ha comenzado.

Más de la mitad de los servicios sanitarios han dejado de funcionar y los que permanecen abiertos tienen dificultades para prestar atención debido a la falta de combustible y suministros esenciales. Los centros sanitarios de campaña se ven obligados con frecuencia a cerrar o reducir su horario, mientras que más de 20.000 pacientes con enfermedades graves siguen sin poder salir de Gaza para recibir tratamiento.

Los trabajadores humanitarios de Islamic Relief informan de que los medicamentos para tratar enfermedades como la diabetes son especialmente escasos. Las personas con cáncer o enfermedades crónicas sufren dolores intensos y padecen las consecuencias de la falta de tratamiento.

La mayor parte de las tierras agrícolas de Gaza son ahora inaccesibles y se encuentran detrás de la «Línea Amarilla». Se prevé que, para el invierno, 1,4 millones de personas en Gaza se encuentren en una situación de crisis alimentaria, a menos que puedan acceder a sus tierras y se permita la entrada de más ayuda humanitaria. Incluso cuando hay alimentos disponibles, la falta de empleo y la escasez de efectivo en circulación en toda Gaza impiden que muchas familias puedan comprarlos.

Los niños, niñas y jóvenes de Gaza afrontan dificultades especialmente graves: el 93 % de las escuelas han resultado dañadas o han sido destruidas, y toda una generación arrastra las secuelas del horror vivido durante los últimos tres años. Apenas existen oportunidades de empleo o medios de subsistencia para los jóvenes, que se sienten marginados de los debates sobre el futuro de Gaza. Islamic Relief está trabajando con jóvenes de toda la Franja para recoger sus opiniones y esperanzas sobre el futuro de Gaza.

Un alto el fuego que solo existe sobre el papel no puede servir de excusa para la inacción de la comunidad internacional. Islamic Relief insta a los líderes mundiales a aumentar urgentemente la presión para garantizar la protección de la población civil y el respeto del derecho internacional.

Los Estados deben actuar para poner fin a los ataques contra la población civil, garantizar que la ayuda humanitaria suficiente llegue a todas las personas que la necesitan y evitar el traslado forzoso y permanente de los palestinos fuera de sus tierras. Asimismo, deben apoyar un proceso de reconstrucción real liderado por los propios palestinos, en el que los niños, niñas y jóvenes ocupen un lugar central.

Notas para los editores

A pesar de las dificultades, Islamic Relief y sus socios locales siguen distribuyendo ayuda a las personas en situación de vulnerabilidad en Gaza. Su labor incluye el apoyo a la atención sanitaria materna para mujeres embarazadas y recién nacidos; la puesta en marcha de espacios educativos temporales y la prestación de apoyo psicosocial a la infancia; el suministro de agua; y el reparto de comidas calientes y vales para adquirir productos en los mercados locales.

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